Dudas tras la muerte de Chávez

La muerte de Hugo Chávez, ocurrida el pasado martes 5 de marzo, abre varias icógnitas para el futuro. No sólo acerca del panorama político de Venezuela, sino también sobre el de varios de sus vecinos latinoamericanos. Los aliados de Chávez en los últimos años (Bolivia, Ecuador, Argentina, Nicaragua y, especialmente, Cuba) fueron los grandes beneficiarios de los ingresos obtenidos por la venta del petróleo venezolano, el más importante y casi único pilar en el que se basó la economía chavista.

Hugo_Chavez_in_Guatemala

Hugo Chávez, fallecido el 5 de marzo de 2013

En este momento, la incertidumbre marca la realidad a pie de calle en el país. El presidente en funciones, Nicolás Maduro, fue nombrado por Chávez antes de morir, pero esto contradice su propia Constitución. Según ésta, el cargo recaería en el responsable de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, que además cuenta con el apoyo del Ejército.

La división entre los hombres fuertes de Chávez parece evidente. Por otro lado, la derecha, encabezada por Henrique Capriles espera la celebración de nuevas elecciones, confiando en que las fuerzas esta vez puedan igualarse. El proceso electoral debería abrirse en el plazo de un mes.

La preocupación entre los mandatarios latinoamericanos que han seguido los pasos de la revolución bolivariana también parecen lógicos. Durante la última década, los gobiernos socialistas del continente han recibido el apoyo económico de Chávez. Un cambio de escenario en Caracas podría frenar algunos de los avances realizados en países como Bolivia, o provocar un desenlace más drástico en el caso de Cuba. El régimen castrista ya se teme que la muerte de Chávez pueda suponer para la isla una catástrofe económica semejante a la que produjo la caída de la URSS. Incluso hay quien apunta que la desaparición de Chávez podría desencadenar la caída definitiva del socialismo en La Habana. Lo que parece inevitable es un nuevo plan de reformas aperturistas.

Desde China también se sigue atentamente la evolución de acontecimientos en Caracas. El gigante asiático es el principal inversor extranjero en Venezuela, a cambio del suministro de petróleo a bajo precio. Un nuevo rumbo en la presidencia del país caribeño podría conllevar una revisión de las condiciones en ambos sentidos. A la espectativa se encuentra también el Kremlin. Desde Rusia confían en que la trayectoria política venezolana continúe en el mismo rumbo. Eso le garantizaría el negocio petrolero y armamentístico que mantienen con el país latinoamericano. A otros países como Irán y Corea del Norte, aliados en el bloque internacional contra EEUU y beneficiarios de los acuerdos para transferencia de tecnología militar con Chávez, también les preocupa la transición poschavista.

Además de la consternación de sus partidarios y de la esperanza de sus detractores, de los avances en la erradicación de la desigualdad que defienden los primeros, y de la corrupción y la violencia de la que le culpan los segundos, la herencia inmediata de Chávez parece ser la ausencia de liderazgo en el gobierno venezolano y al frente del bloque socialista latinoamericano. Y no menos importante, la preocupación generalizada por qué ocurrirá ahora con esos acuerdos internacionales firmados a título casi individual.

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