Silencios cómplices

Espeluznante la historia de Ana Garrido, funcionaria por oposición en el Ayuntamiento de Boadilla. Un dossier elaborado por ella misma sirvió para desenmascarar a uno de los protagonistas de la trama Gürtel, Arturo González Panero, alcalde del consistorio y su amigo antes de acceder el cargo. La intriga comenzó hacia el año 2000, cuando Ana empezó a notar que se adjudicaban obras a dedo, a hacer preguntas y a cuestionar procedimientos.

Funcionaria del Ayuntamiento de Boadilla

Ana Garrido (fotografía de El Mundo)

Garrido investigó a escondidas el patrimonio personal del alcalde una vez que se percató de que su tren de vida excedía lo que cabía esperar teniendo en cuenta sus ingresos. Logró reunir una sorprendente documentación acerca de sus propiedades, que acreditó con creces sus sospechas y en 2009 pasó a convertirse en una importante prueba judicial que ponía en marcha la mayor investigación contra la corrupción política de nuestro país. A la vez, en los despachos pedía demasiadas explicaciones y se convirtió en un personaje incómodo que convenía mantener bajo control dentro de una administración envuelta en una ola de corrupción generalizada y a gran escala. Eso le costó el acoso y la marginación de sus superiores y compañeros. Todo derivó en una huída al extranjero y una vuelta a su puesto de trabajo al hilo de una promesa de normalidad nunca cumplida, y de una crisis de ansiedad de la que ya no cuenta recuperarse.

Lo que podría ser un guión de cine es la pesadilla de una empleada normal y corriente de la administración pública española. Una entre un millón en un país azotado por casos de corrupción a todos los niveles y por cuantías desorbitadas. Una gota en un océano de mala praxis, tolerancia con el expolio de lo público y comprensión con los que diariamente, por avaricia o mala gestión, nos sangran las arcas públicas. Sorprende que no surjan más casos como el de Ana Garrido.

Porque, cuando sale a la luz un caso de corrupción, son muchas las decenas de funcionarios que años antes sabían lo que ocurría, veían “cosas raras” a diario, o tramitaban ellos mismos documentación plagada de irregularidades. El problema es que vivimos en el país del “todo vale”, que nadie quiere meterse en líos y se prefiere mirar para otro lado a cambio de conservar un puesto y una nómina para los que, en muchos casos, no se reúnen los méritos suficientes y hay que pagar el favor con el silencio cómplice.

Debería haber al menos una docena de Anas Garrido en cada ayuntamiento, diputación, consejería, ministerio e institución pública de este país. Pero lo más triste es que, cuando milagrosamente se da un caso como éste, los propios ciudadanos les tachen de chivatos, desagradecidos o fantasiosos. Será porque en este país se lleva la corrupción y el servilism0 en las venas y, así, no se puede.

Anuncios

Un pensamiento en “Silencios cómplices

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s